sábado, 29 de noviembre de 2014

La incógnita de Pablo Iglesias

Como de la nada, en las pasadas elecciones para el parlamento europeo surgió un ente superpoderoso que hizo temblar los cimientos de la política española. Este fenómeno tiene imagen y nombre bien conocidas. Pablo Iglesias aprovechó su fama televisiva para ganar adeptos teniendo a su propia cara como logo y lo cierto es que la jugada mal no le salió; más de 1 millón de votantes le dieron a Podemos 5 diputados, toda una hazaña que arrasó como un tsunami; sin ser esperado y haciendo daño por donde pasaba. PP y, sobre todo, PSOE se tiraban de los pelos. Su hegemonía se veía (y sigue haciéndolo) amenazada por un partido compuesto por gente joven aunque preparada y que atraía generalmente a personas desencantadas con la política nacional.

No obstante, su camino no acababa ahí. Podemos sigue caminando y tiene un objetivo marcado; ganar las próximas elecciones generales. Por las apariciones en tertulias y debates televisivos de su líder sabemos que sus ideas se centran en castigar la corrupción, ayudar a aquellos que se encuentran en situaciones de necesidad y, según ellos, en una política "ciudadana y democrática". Se dice que este movimiento nació en las protestas del conocido 15 de mayo de 2011, por lo que podríamos calificarlo como el partido "de los indignados". España ha optado por una salida distinta al presente (y pasado) a la situación actual y esta pasa por la izquierda que algunos se atreven a calificar como "extrema". Sin embargo, Iglesias, haciendo gala de una pasividad enorme y una gran capacidad para la oratoria ha sido capaz de defenderse de todos los improperios que hacia él se han lanzado (chavista, populista y otras lindezas). Las acusaciones han ido más allá e incluso se ha llegado a decir que bajo su poder caeríamos en una ruina total (aún más grave que la actual) debido a unas medidas económicas "irreales". De hecho, hasta el mismo Mariano Rajoy ha sido crítico con sus nuevos rivales de los que opina que se basan en buscar la papeleta fácil con mera palabrería y pocas propuestas... Señor Presidente, ¿recuerda los meses anteriores a las pasadas elecciones generales en los que usted se dedicaba a azotar a Zapatero? Todo parece peor cuando el que lo hace es otro. Ahora, quienes hacen la función de chino en su zapato tratan de meter el dedo en una llaga que parece gravemente infectada (aunque algunos se empeñen en negarlo... ¿Crisis? ¿Qué crisis...?). 

Es una realidad que la clase política (o casta, como a Pablo Iglesias le gusta decir) española necesita todo un lavado de cara. El pueblo quiere un cambio y los resultados de las distintas encuestas de los últimos meses así lo demuestran. Con un líder carismático, un aire novedoso y una cercanía al ciudadano que rara vez es vista, los porcentajes de la intención de voto a su favor aumenta cada día. No obstante, las dudas están ahí. Quizás esas críticas sean ciertas, quizás esas predicciones se puedan cumplir, sólo el tiempo podrá decirlo. Tomen asiento, palomitas y enciendan la televisión. En el 2015, con una presidencia del gobierno en juego, el espectáculo estará garantizado. La carrera ha comenzado.


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